lunes, 1 de junio de 2009

Estar despiert@s para soñar un mundo nuevo

(inauguración del Bachillerato Popular Bartolina Sisa)


En esta ronda, entre estas paredes y por fuera de ellas, nos convocamos a soñar.
Alguna vez, Paulo Freire nos enseñó que educarnos es poder leer el mundo para transformarlo. También nos dice que no hay cambio sin sueños y que no hay sueños sin esperanzas.
Nosotros y nosotras nos permitimos soñar porque creemos que podemos transformar este mundo. Sabemos que cada mañana nos cuesta levantarnos, tan lleno de miserias que anda el pobre planeta, pero sabemos que tras el día viene la noche, y tras la noche viene un nuevo día y con él las esperanzas de que mañana será un poquito mejor: porque en la noche tuvimos sueños y porque en el día trabajamos para que se hagan realidad.
En ese sueño y en ese trabajo cotidiano nos encuentran hoy esta ronda y estas paredes, compartiendo las esperanzas y las palabras, compartiendo lo que sabemos porque sabemos que compartir nos ayuda a construir esperanzas, a ser mejores hombres y mejores mujeres, que en su esperanza, en su construcción y en su compartir, hacen mejores mundos.
Queremos saber. Queremos aprender y saber más.
Necesitamos saber. Necesitamos querer aprender, porque los que nos roban los sueños quieren que no sepamos, que no compartamos y que no tengamos esperanzas.
Es por eso que nuestros sueños son fuego de nuestra lucha. Porque mientras soñamos con ese mañana en que despertamos en un mundo mejor, luchamos para ir haciéndolo mejor.
Como soñaron y lucharon Bartolina Sisa y Olga Vázquez. Como soñó y luchó Darío Santillán; todas y todos iluminando nuestros sueños de hoy. Como sueña y lucha Pirina. Como sueñan y luchan nuestras mujeres y nuestros hombres en cada barrio y en cada fábrica, en los comedores y en las escuelas.
Con ellas y con ellos nos animamos a soñar y a construir nuestros sueños. Porque vamos construyendo este mundo nuevo porque ellos y ellas se animaron a soñar, y nos enseñaron a luchar para conseguir nuestros sueños.
En esta ronda, entre estas paredes y por fuera de ellas, nos animamos a soñar porque otras compañeras y compañeros se animaron a creer que es posible otra forma de enseñar y aprender. Porque otras compañeras y compañeros se animaron a juntarse para dar los primeros pasos de este sueño.
Porque hoy, aquí y ahora, nosotros y nosotras nos animamos a compartir nuestros sueños y a llenarlos de palabras, de saberes, de experiencias, de músicas y de colores.
Porque soñamos con vencer, y vamos a vencer

viernes, 29 de febrero de 2008

lluvia

esa
la de los cielos
la de nubes grises
la que moja por fuera
la de relámpagos
la de la melancolía
la que refresca
a la otra...

...la tibia
la que moja por dentro
la de los cielos
la de nubes blancas
la que se acumula
la de relámpagos
la de la melancolía

lunes, 29 de octubre de 2007

voto

En las últimas elecciones
tuve un 63,2% de intención de voto.

Después se me pasó,
y no voté a nadie

octubre de 2007

lunes, 11 de diciembre de 2006

que se pudra

Que se pudra entre el salitre y el cobre
Que se pudra entre gusanos y alimañas
Que se pudra entre los cadáveres de un sueño que él mismo asesinó y sepultó
Que se pudra entre las notas desafinadas de sus bandas militares
Que se pudra en el olvido y la memoria de un pueblo que no olvida
Que se pudra lejos de los poemas de Neruda y las canciones de Jara
Que se pudra lejos de Caupolicán
Que se pudra con sus anteojos negros puestos
Que se pudra lejos de Magallanes y de las Torres del Paine
Que se pudra cerca de sus cómplices, los de ayer y los de hoy
Que se pudra lejos de Til Til
Que se pudra sin oir jamás a Violeta

Que se pudra, y en su putrefacción,
se disgregue sin ocupar ni un centímetro cuadrado del Arauco,
de Iquique y del Cabo de Hornos.
Que se pudra en la cárcel que nunca lo cobijó,
la de un repudio universal.

Que se pudra y se desvanezca, pero que allá,
en el fondo de su abismo oscuro,
en el olvido de su miserable muerte
esté atento y abra sus oídos
Porque en el suelo fértil de los valles,
kilómetros por encima de su tumba solitaria,
entre las sombras de las alamedas
más tarde o más temprano
escuchará como camina
el hombre libre.

11 de diciembre de 2006

viernes, 24 de marzo de 2006

Poder pensarnos, 30 años después

No somos los mismos. Tanta sangre zigzagueando entre pliegues de memorias y olvidos nos dejó un hueco en las manos. Una sala vacía repleta de piedras que aún hoy esquivamos a los ponchazos, como podemos, hijos de llantos e impiedades, manojos de entrañas casi resecas, pero que todavía despiden el hedor.
¿Cómo pensarnos sin estos 30 años? ¿Cómo escribir algún vértice de lo que somos sin transitar la mirada por las banquinas de la tortura y el secuestro, la desmesura del horror? ¿Es que acaso el tiempo no nos ha perdonado que el 24 de marzo todavía esté allí, erguido en su tozudez macabra?
Tal vez convocando al olvido, creyendo que podemos ser sin lo que fuimos. Tal vez ejercitando batallas de nostalgias, pretendiendo conjurar el recuerdo de lo que no fue.
Vano. Poder pensarnos, 30 años después, implica conocer la evidencia de que intentarlo es en vano por donde se lo mire, implica reconocer que no podemos ser un presente sin este 30 años pasados.
Poder pensarnos hoy significa poder pensar cuánto ayer queda en este hoy, dimensionar este tiempo-espacio con la perspectiva de que hoy somos, estamos, padecemos y queremos con lo que en estos 30 años fuimos, estuvimos, padecimos y quisimos. Pero pensarnos implica hoy más que nunca ser hoy, reconocernos como presentes, como un gran presente que nos contiene, a los que somos y a los que ya no están.
En la sala vacía, vamos acomodando aquellas piedras y estos tropezones. Los milicos asesinos y sus cómplices de ayer y hoy hubiesen querido que nos quedemos recordando aquellos ayeres. La memoria de los compañeros nos sacude la modorra y nos dice que el pasado no son huellas sino pies de carne y hueso que caminan por las calles, por las veredas y por el barro de las calles sin veredas. Por estas sendas, todavía caminan hoy los asesinos, pero también caminamos nosotros, 30 años después, queriendo pensarnos 30 años después.
Es por eso que pensarnos 30 años después no nos da derecho a mirar el ayer y cerrar los ojos en el hoy. Aquel pasado cobra sentido en tanto podamos mirar aquel pasado presente en nuestro hoy, las huellas del horror y las marcas vivas de estos horrores, los de las miserias de hoy, los de los crímenes de hoy, los de las opresiones de hoy, los de los saqueos de hoy, los de las devastaciones de hoy, los de las vergüenzas de hoy y los de las impunidades de hoy.
No somos los mismos. Poder pensarnos hoy, 30 años después, no es un homenaje ni un recital de rock. No es un afiche en las calles ni subirse al púlpito de los que hoy, 30 años después, perpetúan las injusticias de aquel ayer de sangre y miedo.
Pensarnos hoy, 30 años después, es desintegrar hoy aquel ayer, es luchar para que ayer y hoy dejen de ser equivalentes.
Nosotros no somos los mismos.

Nosotros no olvidamos. Nosotros no perdonamos, nosotros no nos reconciliamos.

sábado, 5 de febrero de 2005

palabras de patagonia

Durante miles de años, las palabras pasaron de boca en boca. Treparon las agudas crestas del granito andino, se deslizaron por los blancos glaciares cordilleranos, atravesaron los bosques patagónicos, fluyeron por los ríos de la araucanía, volaron con el viento en las mesetas del sur de suramérica; recorrieron los canales fueguinos y besaron las sales de las costas de los mares australes.
Entonces, no había libros. La leyenda nos dice de mitologías pobladas de guanacos, de historias de pescadores. Allí, en toldos engrasados en el frío austral, los abuelos y los padres y los hijos y sus hijos utilizaron la palabra para enseñar a trabajar el ciprés, para construir las canoas, para leer la nieve, para escuchar el mar; para inventar, vivir, contar y soñar sus sueños.
Allí, en el siglo XVI, llegaron los primeros hombres con barba y cruz. Allí, hacia fines del siglo XIX, los estancieros cazaron a los indios para que sus ovejas pastasen en paz.
Allí, hacia fines del siglo XX, calló su voz la última descendiente de los selk’nan.
¿Quién nos contará los cuentos de nieve y mar?

martes, 1 de febrero de 2005

besos de verano


summer kisses, winter tears…

No acababa de cambiar un milímetro la posición de su cara que yo adivinaba una nueva curva en ella, un excitante vaivén voodoo chile en sus tetas, otros colores que se chorreaban desde un segundo más alto que el centro de la posición de mi mirada anterior.

El tiempo y algunos de los juncos de la escenografía (por detrás, en la otra laguna) eran perfectamente astronómicos. Una conjunción irreverente, un chispazo licoreado menta, un minucioso ritmo algebraico en el que cada roca (las visibles y las que los rayos de sol hacía rato que habían dejado libradas al olvido) sostenía a su propia base mágica y mineralógica.

Si aquella pequeña eternidad hubiese durado tan sólo un poco más, es probable que nunca se hubiese despertado aquel manjar de discursos desafinados; tan juveniles, tan exquisitamente malbec, acaso anacrónicos para mí. Pero en definitiva qué era aquel deseo (mi deseo) sino una pertinaz y voluntaria necesidad de destruir todo vestigio de tiempo.

Y en aquel éxtasis precoz, no hubo revolución bolchevique posible, ni espacio real-ni-imaginario, ni barcazas en el Támesis capaces de recomponer la lenta agonía en que todo fue sumiéndose, cansado quizás el tiempo de esperar que yo esperase un tiempo que nunca llegaría.

Fue por entonces que, tras crepitar la luna justo algunos centímetros por encima de aquel ritmo algebraico de rocas licoreadas menta que se bañaban en colores cambiantes desde cualquier posición en que mis discursos desafinados se chorreaban al contemplar el vaivén voodoo chile de sus tetas, en que el último cambio en la posición de su cuerpo, me indicó por fin que todo aquel tiempo que por un instante me hubo pertenecido, había sido irremediablemente fusilado.


febrero de 2005